lunes, 30 de agosto de 2010

Auch.

Tengo un perro oscuro acurrucado a mis pies es el hermano gemelo de lo solo que estoy,
tengo unas calles bien marcadas por las que no tengo elección,
no pienso pagar. No puedo pagar.
Tengo apariencia humana y los demás lo saben.

No quiero perder la cabeza, pesa como un ancla,
no quiero perder los zapatos, ligeros de agujeros.
El hombre-pájaro del metro ha perdido las plumas y ya no es mas que griterío y pupilas.

Soy el olor a comida retrocediendo en mi estómago,
la sangre volando por todo mi cuerpo,
el cerebro estallando en luces de color,
y así es como va todo de momento.

Chile con carne.

No pueden tapiar el cielo.
Soy el error que no he cometido. Piso alto, ventanas, ruidos.
Mis uñas podrían crecer hasta matarme,
mis dedos doblarse hasta romper, correr, callar a esos ojos que odio, trepar, escalar el podium.

Me envuelvo de piel y carne y me mantengo bien adentro en el agujero, cuento decenas, cientos, tuertos.

Y miro crecer desde arriba la hierba en la tumba de Walt,
el miedo en las calles a Virginia Wolf,
las botas de Bob aun sin gastar
el olor a sudor en Nueva York.

Y pienso si solo son animalitos tanto como lo soy yo,
o si me alcanzan los bolsillos para cenar chile con carne.

Ficticia.

Los dos nos marchamos sin dejar rastro aunque el mas que yo (yo siempre he estado por aquí), hasta habíamos vendido las llaves por 12´99 pero ya nadie se acordaba de nada con aquel maldito silencio de bocas vacías o llenas hasta los topes de carne.

El teléfono maullaba,
el gato dormía,
las goteras sudaban.
Todos tenían hambre y miraban recelosos la nevera..callada como el capitán conociendo el motivo del motín. En la esquina la lámpara parpadeaba arrítmica diciéndonos en morse que también ella se iría.
Pero ninguno quería escuchar eran las seis de la mañana y teníamos los pies helados,
dormitamos de pie como caballos.. no quedaban muebles, ni camas, ni vasos, ni agua
y en el suelo, diminuto, el poeta ciego susurró que también el se iría que no podía pegar ojo después de lo ocurrido..así que pidió un beso en los labios y nadie se lo dio , no teníamos labios se nos habían caído de no usarlos nunca,
de estar siempre callados,
y callamos. Y esperamos la salida del sol. Pensamos que lo mas seguro es que el también se fuera; y en la espera el gato cantó una opereta rusa, bebimos vino tinto cuidadoso, mientras susurraba que el también se iría que aquel no era sitio para un vino tinto.

Después cuando aun amanecía contamos cada uno de los átomos de la habitación había unos 10000 machos y 6000 hembras y el poeta ciego rió como un niño y se acurruco cerca de las zapatillas viejas de el.

Ninguno quiso hablar mucho mas (sobre todo debido al mal olor de las bocas) pero el radiador tenia frió y pidió una manta.. tumbamos el gato dormido sobre el e hicimos con mi ropa una pequeña fogata. El sol se fue de nuevo, llegaba siempre tarde y cuando el humo llenó la habitación y solo veíamos nuestros ojos húmedos el poeta ciego tosió y pidió su maldito beso en los labios y el fuego le dijo que no podía dárselo que el también se iría que este no era su sitio.

Esperando a Laura.

Y oigo el aleteo mugriento de palomas al otro lado de mis tímpanos,
el crujir petrolífero al apretar una botella,
y espero arremolinando mi cuerpo como un erizo,
pestañeando para que no se sequen los ojos,
contando los gatos,los puertos, los barcos, los muertos, los fondos nublados, los tuertos,
y espero.

Peirao.

Y bailamos descalzas durante horas sobre el suelo de cemento y mierda blanca de pájaro, procurando no caernos desde tan alto como estábamos entonces.

Las canciones, incrustadas en nuestras bocas a martillazos salen despedidas desde una lanzadera espacial y a veces nos hundimos con los cuerpos de plomo y el cemento nos cubre,
nos hace sincerarnos, sentirnos plenos.
No importaría gritar.. y grito
No importaría flotar...ya floto
y somos peces arrastrados en la cascada, sin resistirse a la presión acuática, meando cuando lo necesitamos.

Viernes.

Y entramos en otro bar.
"¡Pasen, pasen y vean a la gallina con cuerpo de mujer, a la mujer-erizo!" y pasamos, cientos , millones, arremolinándonos en la puerta.
"¡ Pasen, pasen y apoyen sus brazos en nuestras pegajosas barras!" y nos pegamos en una ristra incontenible de brazos, iluminados por la luz rosada de las zaralulas que revolotean y canturrean arriba.
Descendemos hasta hacernos diminutos, casi tanto como las personas en el puerto y miramos hacia arriba esperando la caida anual de estrellas musicales, engullendo el aire para poder seguir vivos, deslizando con las lenguas el vaso para morir otro poquito.

domingo, 8 de agosto de 2010

Como es la ciudad.

Y me rindo dejándome a los edificios de elefante monstruoso, de cascada permanente; a la aun agonizante moral; juicios, al júbilo del dolor, a los hombres de hormigón, a los bloques pesados industriales de cielo, al sudor de la ciudad: boca inmensa, húmeda, gruesa y visceral. Al pecado capital, a la carne putrefacta y a las cabezas de pescado, grises punzantes, alimentando maletines, maquiavélicas máquinas, morfos , manchas.

El concierto.

Como un pájaro herido, planeando, hundido y volviendo a alzarse otra vez y mil cuchilladas con dagas de violín en el éxtasis irracional de un asesinato.

Como los brazos y la mano que sostiene la batuta dibujando cada uno de los planetas y cada uno de los satélites también y todas las toneladas y litros de agua barriendo de golpe, de una vez sola las cabezas minúsculas.

Como un monstruo y un cielo entero, como arrancar la carne, corroer el hueso..como el final de una caída, de una trampa mortal, del ultimo aliento de cuerda.

Y como no estudiaba nada..

Y como no estudiaba nada, aprendía mucho
caminando con las manos sobre la tierra aun húmeda,
visitando ojos nuevos.

Y como no sabía nada, lo aprendía todo,
respirando con las manos cada cosa que podía tocar,
capturando, devorando, aquello que no había oído nunca.

Presiento. (de los poemas escritos y memorizados por Armando Valladares en una celda de aislamiento)

Ahora no tengo noches
todo mi tiempo es día
un día artificial
de luces encendidas.
Presiento que allá afuera
hay un rumor de estrellas
y nubes
y una luna
que navega entre ellas
pero sólo presiento.

Rompieron los disparos
la quieta madrugada
despierta una sirena y los perros le ladran.
A lo lejos se escuchan las voces de los guardias.
Una ráfaga corta
y una ráfaga larga
y de nuevo el silencio.
Presiento que hay un muerto al pie de la alambrada
pero solo presiento.

No han podido. (Armando Valladares)

No han podido quitarme
todavía
en este encierro
el canto de la lluvia
pero quizás lo hagan mañana
por eso quiero ahora disfrutarlo
escuchar las gotas
más allá de mis ojos
y los espesos muros
golpear con insistencia
las ventanas tapiadas.

Y de pronto me llega
no sé por qué ranura
no sé por que intersticio
ese olor agradable
de la tierra mojada
y la aspiro muy hondo
para llenarme bien
porque quizás también
lo prohiban mañana.

El trapecista tiene el día libre.

421 hojitas rojas y marrones en la capital otoñal de la calle sur, mi obsesión por las bocas de incendios es todavía evidente y una mujer me fulmina desde el coche por que no cruce cuando me cedía el paso.

El polvo se arremolina justo a la altura de los ojos, meto la mano en el bolsillo:

Un ticket del autobús, dos cigarrillos, el envoltorio de una caja de cerillas,
algo de arena, las noventa y cuatro flores anaranjadas del vestido de la madre de Edd,
los sonidos ciegos del hombre pájaro que pide en el metro,
los olores del mercado de fruta, las sucias chimeneas en Owltown,
un dólar y medio en monedas de diez, diez latas de Coca-cola vacías,
un cenicero, una banda de jazz, la porquería de debajo de mis uñas
y mi propia mano envuelta en carne, piel, venas.

Huevos bailando.

Hay dos huevos bailando en la cocina. el olor es caliente y de agua, mi padre come. La luz: de verano y oscura 10:48 del mes de julio.
Hay dos huevos bailando en la cocina, seis trocitos de cebolla y un tomate sin sal. Echo de menos el frío, echo de menos a las mujeres rescatando la ropa del tendal empapado.
Hay un pantalón que ondea triunfal las dos perneras sobre mi ventana, la bandera del séptimo izquierda siempre un escalafón por encima.
Hay un extraño olor a comida turca caminando tranquilo bajo mi nariz, me recuerda lo que no voy a cenar.
Hay dos huevos bailando en la cocina, conocen a la perfección los pasos del foxtrot.

Heberto Padilla

Di la verdad, di al menos tu verdad y después deja que cualquier cosa ocurra:
Que te rompan la página querida,
Que tumben a pedradas la puerta,
Que la gente se amontone delante de tu cuerpo como si fueras un prodigio o un muerto.

Pues eso.

Y me bebo una taza más y noto como se me acelera el ritmo cardíaco,tal y como ronca Tom Waits y como se encoje y se despliega por bisagras metálicas, arcaicas. Destrozando a ladridos cada una de las bocanadas de aire; o envolviéndolas de siluetas de saxofón y piano (que son mujeres).
Me gusta su cara, de la esquina de un edificio, o de un trozo de mármol lleno de aristas, siempre rodeada en el humo, zarandeante, redondo y de espiral (contra él, que es tan picudo y a la vez tan de carne).
Me duele el estómago, me gusta como escupe este hombre al micrófono, me pesa la cabeza como un ancla pero no la puedo dejar caer. Ojalá los ojos estuvieran en los dedos, ojalá los brazos no pesaran tanto , me agota este envoltorio dando vueltas y vueltas de voz de Tom Waits.