domingo, 8 de agosto de 2010

El trapecista tiene el día libre.

421 hojitas rojas y marrones en la capital otoñal de la calle sur, mi obsesión por las bocas de incendios es todavía evidente y una mujer me fulmina desde el coche por que no cruce cuando me cedía el paso.

El polvo se arremolina justo a la altura de los ojos, meto la mano en el bolsillo:

Un ticket del autobús, dos cigarrillos, el envoltorio de una caja de cerillas,
algo de arena, las noventa y cuatro flores anaranjadas del vestido de la madre de Edd,
los sonidos ciegos del hombre pájaro que pide en el metro,
los olores del mercado de fruta, las sucias chimeneas en Owltown,
un dólar y medio en monedas de diez, diez latas de Coca-cola vacías,
un cenicero, una banda de jazz, la porquería de debajo de mis uñas
y mi propia mano envuelta en carne, piel, venas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario