Y entramos en otro bar.
"¡Pasen, pasen y vean a la gallina con cuerpo de mujer, a la mujer-erizo!" y pasamos, cientos , millones, arremolinándonos en la puerta.
"¡ Pasen, pasen y apoyen sus brazos en nuestras pegajosas barras!" y nos pegamos en una ristra incontenible de brazos, iluminados por la luz rosada de las zaralulas que revolotean y canturrean arriba.
Descendemos hasta hacernos diminutos, casi tanto como las personas en el puerto y miramos hacia arriba esperando la caida anual de estrellas musicales, engullendo el aire para poder seguir vivos, deslizando con las lenguas el vaso para morir otro poquito.
lunes, 30 de agosto de 2010
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