Tengo un perro oscuro acurrucado a mis pies es el hermano gemelo de lo solo que estoy,
tengo unas calles bien marcadas por las que no tengo elección,
no pienso pagar. No puedo pagar.
Tengo apariencia humana y los demás lo saben.
No quiero perder la cabeza, pesa como un ancla,
no quiero perder los zapatos, ligeros de agujeros.
El hombre-pájaro del metro ha perdido las plumas y ya no es mas que griterío y pupilas.
Soy el olor a comida retrocediendo en mi estómago,
la sangre volando por todo mi cuerpo,
el cerebro estallando en luces de color,
y así es como va todo de momento.
lunes, 30 de agosto de 2010
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