Los dos nos marchamos sin dejar rastro aunque el mas que yo (yo siempre he estado por aquí), hasta habíamos vendido las llaves por 12´99 pero ya nadie se acordaba de nada con aquel maldito silencio de bocas vacías o llenas hasta los topes de carne.
El teléfono maullaba,
el gato dormía,
las goteras sudaban.
Todos tenían hambre y miraban recelosos la nevera..callada como el capitán conociendo el motivo del motín. En la esquina la lámpara parpadeaba arrítmica diciéndonos en morse que también ella se iría.
Pero ninguno quería escuchar eran las seis de la mañana y teníamos los pies helados,
dormitamos de pie como caballos.. no quedaban muebles, ni camas, ni vasos, ni agua
y en el suelo, diminuto, el poeta ciego susurró que también el se iría que no podía pegar ojo después de lo ocurrido..así que pidió un beso en los labios y nadie se lo dio , no teníamos labios se nos habían caído de no usarlos nunca,
de estar siempre callados,
y callamos. Y esperamos la salida del sol. Pensamos que lo mas seguro es que el también se fuera; y en la espera el gato cantó una opereta rusa, bebimos vino tinto cuidadoso, mientras susurraba que el también se iría que aquel no era sitio para un vino tinto.
Después cuando aun amanecía contamos cada uno de los átomos de la habitación había unos 10000 machos y 6000 hembras y el poeta ciego rió como un niño y se acurruco cerca de las zapatillas viejas de el.
Ninguno quiso hablar mucho mas (sobre todo debido al mal olor de las bocas) pero el radiador tenia frió y pidió una manta.. tumbamos el gato dormido sobre el e hicimos con mi ropa una pequeña fogata. El sol se fue de nuevo, llegaba siempre tarde y cuando el humo llenó la habitación y solo veíamos nuestros ojos húmedos el poeta ciego tosió y pidió su maldito beso en los labios y el fuego le dijo que no podía dárselo que el también se iría que este no era su sitio.
lunes, 30 de agosto de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario