No pueden tapiar el cielo.
Soy el error que no he cometido. Piso alto, ventanas, ruidos.
Mis uñas podrían crecer hasta matarme,
mis dedos doblarse hasta romper, correr, callar a esos ojos que odio, trepar, escalar el podium.
Me envuelvo de piel y carne y me mantengo bien adentro en el agujero, cuento decenas, cientos, tuertos.
Y miro crecer desde arriba la hierba en la tumba de Walt,
el miedo en las calles a Virginia Wolf,
las botas de Bob aun sin gastar
el olor a sudor en Nueva York.
Y pienso si solo son animalitos tanto como lo soy yo,
o si me alcanzan los bolsillos para cenar chile con carne.
lunes, 30 de agosto de 2010
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